Por: Nicolás Ceballos Bedoya*
El 15 de octubre, el vicepresidente Francisco Santos, al referirse a la minga indígena en el Cauca señaló que “la comunidad indígena en esa área tiene un sector radical, los hijos del Quintín Lame, no sabemos si están en la legalidad o en la ilegalidad”. Con estas palabras, no sólo se estaba poniendo en duda la legitimidad de la protesta de los nasa, sino que se cometía una injusticia histórica contra la figura del líder indígena Manuel Quintín Lame, cuyo nombre sólo se rescata del olvido para asociarlo con la lucha armada. Por esta razón, resulta conveniente hacer una referencia a este héroe de los derechos indígenas, cuyo nombre ha sido tan injustamente vilipendiado, u olvidado en el mejor de los casos, por el discurso oficial.
Manuel Quintín Lame fue un indígena caucano del pueblo Nasa, nacido en 1883 cerca a Popayán, hijo de terrazgueros provenientes de Tierradentro y líder del movimiento indígena del sur del país a principios del siglo XX.
En el tiempo en el cual Popayán deja de ser la capital del gran Estado soberano del Cauca y queda tan sólo como la capital de un departamento, la aristocracia caucana se abalanzó sobre las tierras de los indígenas, quienes se vieron obligados a pagar terraje, una forma de servidumbre en la cual los indígenas prestaban sus servicios a un terrateniente a cambio del derecho a usar una porción de tierra que había sido usurpada a sus resguardos. De ahí que Quintín Lame concentrara su lucha en la abolición del pago del terraje, así como en la recuperación y creación de resguardos en Cauca y Tolima.
Como indio terrajero, Lame no tuvo acceso en su infancia a la educación, aunque durante su servicio militar en la Guerra de Los Mil Días pudo obtener una precaria alfabetización, que le permitió leer textos de historia, teología y derecho; aunque, por su poca capacidad para escribir, se vio en la necesidad de dictar sus textos a algún amanuense. A pesar de este semi analfabetismo, Lame logró acceder a conocimientos jurídicos a través de los textos y códigos que le suministró un abogado en Popayán, en los cuales aprendió algunos elementos del derecho colombiano que amparaban los derechos indígenas, tales como la ley 89 de 1890, donde descubrió la posibilidad de anular las enajenaciones de tierras de resguardos.
Valiéndose de estas herramientas jurídicas, Lame inició una lucha por la recuperación de tierras de resguardos en el Cauca, invalidando ventas u ocupaciones que se habían efectuado a favor de terratenientes; apoyando estas acciones con una movilización armada conocida como la quintinada, limitada sólo a proteger y defender a los líderes del movimiento, pero sin que realizaran tomas o actuaciones violentas. No obstante, siempre se divulgó la idea de la quintinada como una tropa de bandidos y sediciosos.
Como muchos de los personajes que pasan su vida huyendo de la fuerza estatal, la figura de Lame está rodeada de un halo mítico que él mismo se encargó de avivar en su discurso. Así, en una genealogía que incorpora a su libro Los Pensamientos, se reconoce como descendiente del legendario cacique Juan Tama de la Estrella; afirmó haber aprendido todo lo que sabía de lo que le enseñó la naturaleza en la selva, a pesar de que se sabía de sus lecturas de textos escolares, jurídicos y religiosos en bibliotecas de Popayán. En el Tolima se decía que tenía el poder de desaparecer cuando estaba acechado por las autoridades, pese a que fue apresado más de cien veces, y entre las autoridades del Cauca circulaba su fama de bandido y sedicioso, llegándose a propagar un día el rumor de que Quintín Lame iba a incendiar esa misma noche todos los pueblos del Cauca.
Lame asumió su propia defensa en todos los juicios que en su contra se iniciaron. Ante las desalentadoras perspectivas que encontró en el Cauca, se desplazó hacia Tolima en 1920, donde continuó su actividad constituyendo varios resguardos nasa y pijaos. En 1938, decide dictar sus ideas a un compañero, con lo cual nace “Los pensamientos del indio que se educó en las selvas colombianas”. Muere en Ortega, Tolima, en 1967.
El libro de Los Pensamientos permaneció tan sólo como un manuscrito que circulaba entre los indígenas del Tolima hasta que fue editado por primera vez en 1970 y, a partir de allí, el movimiento indígena caucano se apropió de sus contenidos para divulgar las ideas de recuperación de las tierras de los resguardos y de la autoridad de los cabildos, editando y publicando los fragmentos de la obra que guardaban una relación más cercana con la ideología del naciente Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC).
Los Pensamientos son una lectura fundamental para quien quiera entender una página tan importante de la historia social de Colombia como es el proceso de reivindicación de los derechos indígenas. De igual modo, todo aquel interesado en conocer un poco los discursos subyugados en nuestro país, debe remitirse a la obra de este líder caucano, donde encontrará una interesante manera de interpretar la historia colombiana así como las directivas y esperanzas que él mismo tenía para el movimiento indígena en el futuro. Estas esperanzas se concentran en lo que Lame denomina “ley de la compensación”, un mecanismo de justicia retributiva por medio del cual la historia concede la victoria a quienes algunauna vez fueron sometidos y que obrará sobre los indígenas en los años siguientes a la publicación de Los Pensamientos.
Puede decirse entonces que el discurso oficial comete una injusticia histórica al mantener un panteón de héroes reducido a los criollos blancos de las guerras de independencia, mientras condena al olvido a héroes negros como Benkos Biojó o a un precursor de los derechos indígenas como Manuel Quintín Lame, el indio que reclamaba tierra y autonomía para su pueblo.
* Abogado de la Universidad EAFIT. Docente y miembro del grupo de investigación Justicia y Conflicto de la misma universidad.