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Los tentáculos del imperio: las bases militares extranjeras en el mundo,
Autor: EDGAR AUGUSTO JARAMILLO MORENO
Creada: agosto 15 de 2009
Visitas: 135
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Wilbert van der Zeijden
Los tentáculos del imperio: las bases militares extranjeras
en el mundo, TNI, March 2007
Índice
Hace
unos años, se puso de moda, durante un tiempo, hablar de la
“desterritorialización” del imperio, con lo que se quería
decir que el control imperial se había visto sustituido por
otras formas de control político más sutiles. Pero si
echamos una ojeada a las redes de bases militares extranjeras en todo
el mundo, esta teoría se desmonta, puesto que aún
siguen en funcionamiento más de 1.000 bases e instalaciones de
este tipo, la mayoría de las cuales gestionadas por el
ejército estadounidense, que tiene presencia militar en más
de 130 países. Éstas van desde extensas instalaciones,
como en la bahía de Guantánamo, a centros de espionaje
o campos de entrenamiento conjunto de menores dimensiones, depósitos
para misiles nucleares, instalaciones de “descanso y recuperación”
y estaciones de repostaje. Además, los Estados Unidos y
algunos de sus aliados de la OTAN complementan esta amplia presencia
militar con una red aún más elaborada de derechos:
derechos de puertos de escala, de aterrizaje para aviones espía
y militares, de repostaje y de sobrevuelo.
Instalar bases
militares en territorio ajeno es algo tan antiguo como el propio
concepto de ejército organizado. Pero la historia de la actual
red mundial de bases militares extranjeras empieza en la época
colonial, durante la que el Reino Unido y otras potencias europeas
establecieron infraestructuras militares con miras a reprimir el
descontento de la población local, protegerse de otras
potencias y dar apoyo a todo tipo de operaciones militares o civiles
en torno a las posesiones coloniales. Gran Bretaña y Francia
aún mantienen bases más allá de sus fronteras
–restos del colonialismo–, pero la gran mayoría de bases
militares extranjeras actuales pertenece a los Estados Unidos.
De
base a base
Aunque los Estados Unidos intentaron mantener
el aura de una política exterior no colonialista durante todo
el siglo XX, sus primeras bases en el extranjero se establecieron en
1898, después de ganar la última guerra
hispano-estadounidense y hacerse con Puerto Rico, la bahía de
Guantánamo, Filipinas, Guam y Hawai. Por aquel entonces, el
Gobierno McKinley consideraba que Hawai era un territorio vital “para
ayudarnos a conseguir la parte que nos corresponde de China”. Una
vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos
expandieron su imperio de bases rápidamente, forjando el mapa
político bipolar con el envío de tropas y armamento a
Europa y Asia Oriental, en un intento por “frenar” las
aspiraciones de la URSS y poder librar guerras por delegación
en Asia, América Latina y África.
Después
de 1989, los Estados Unidos iniciaron un importante programa de
“reestructuración de bases”. El programa perseguía
reducir el número de soldados estadounidenses estacionados en
Europa y Asia Oriental y, al mismo tiempo, ampliar el alcance militar
mundial de Washington abriendo bases estratégicas, aunque
fueran pequeñas, en zonas donde hasta entonces no había
presencia del ejército estadounidense. En la última
década, esta carrera por el “dominio integral” se ha
concentrado en el establecimiento de una red mundial de centros de
espionaje en la línea de los “puestos de escucha” de
Echelon, como Menwith Hill en el Reino Unido; de las instalaciones
necesarias para el proyecto de defensa antimisiles, y de pequeños
centros operativos “de avanzada” que permiten a los Estados
Unidos atacar con rapidez cualquier lugar y en cualquier momento.
Este proyecto sigue en marcha, y el 20 de febrero de 2007 el Gobierno
estadounidense anunció que existían acuerdos
provisionales para establecer nuevas bases de radares para “defensa
antimisiles” en Polonia y la República Checa.
Sin
embargo, la incapacidad para mantener invasiones militares sobre el
terreno –en Somalia durante los años noventa y, más
recientemente, en Irak y Afganistán– ha despertado dudas
entre las elites militares estadounidenses sobre el objetivo original
de reducir la presencia de tropas terrestres en el extranjero. En
consecuencia, parece haberse detenido la retirada de tropas de
Alemania, Italia, Japón y Corea. Además, los Estados
Unidos parecen estar proyectando una docena de bases “duraderas”
con las que dar apoyo a miles de soldados en Irak y Afganistán,
ampliar su infraestructura militar en el exterior y poner el debate
sobre la “retirada” de los Estados Unidos bajo una nueva
perspectiva.
Pero las bases no son fortalezas militares
aisladas. Sin su extensa red de bases militares en todo el mundo, los
Estados Unidos no habrían podido efectuar más de 300
intervenciones militares en el extranjero durante el siglo XX. Sin
ellas, habría sido mucho más difícil derrocar
gobiernos latinoamericanos democráticos y simpatizantes del
cambio socialista, e involucrarse tan intensamente en guerras y
campañas en Asia Oriental. Y evidentemente, también
habrían resultado mucho más complicadas las prolongadas
campañas de bombardeo de Irak durante los años noventa,
por no hablar de las invasiones de Afganistán e Irak,
dirigidas por los estadounidenses, o de la invasión del Líbano
por parte de Israel, respaldada también por Washington. Y si
las bases de Turquía, Arabia Saudí y Diego García
fueron fundamentales en estas campañas, la actual
concentración de medios militares en Irak, Afganistán,
Asia Central, Pakistán y los estados del Golfo permitiría
a los Estados Unidos controlar o incluso invadir Irán en el
futuro.
Bases extranjeras, impactos locales
Las
bases militares extranjeras están concebidas para proyectar su
poder militar en todo el mundo pero, al mismo tiempo, sus
consecuencias más visibles y cotidianas se hacen sentir en el
ámbito local o nacional.
Este manual analiza algunas
de dichas consecuencias en mayor detalle. Se acerca a casos concretos
en que la proximidad de una base ha llevado a la población
local a organizar protestas, en algunas ocasiones durante décadas.
A lo largo de sus ocho capítulos, desgrana los “motivos por
los que las bases son perjudiciales para la salud”. Cada uno de los
capítulos repasa el contexto de fondo de un problema y, a
continuación, presenta un caso concreto que ilustra dicho
problema general y los notables esfuerzos que ha realizado la gente
sobre el terreno en su infatigable lucha en contra de las injusticias
que acompañan a las bases militares extranjeras.
Así,
se realiza un recorrido por los efectos catastróficos de las
bases sobre las economías locales, el medio ambiente y la
salud pública; por la pérdida de poder soberano de la
“nación de acogida” y la consiguiente falta de
responsabilidad democrática provocada por las bases
extranjeras, así como por la cuestión moral de que el
propio país se convierta en cómplice de la violación
del derecho internacional humanitario y de guerra. Se pasa también
por el aumento de las tasas de delincuencia, la imposibilidad para la
mayoría de países de acogida de juzgar a soldados
estadounidenses y, más concretamente, los altos índices
de violaciones, prostitución y explotación de mujeres
que envuelven a las bases. Y, finalmente, por la historia de aquellos
que perdieron tierras y hogares, o incluso territorios ancestrales
sagrados, para dar cabida a una base extranjera, como sucedió
en Diego García, Thule (Groendlandia) y Vieques (Puerto
Rico).
Contraatacando al imperio
La resistencia
a la presencia militar extranjera es casi tan generalizada como las
propias bases, sean baluartes coloniales, instalaciones de defensa de
avanzada de la Guerra Fría o plataformas de “dominio
integral” más actuales.
La ciudad italiana de
Vicenza, por ejemplo, ha sido testigo recientemente de un gran
movimiento en contra del proyecto de construcción de una nueva
base en Dal Molin, el antiguo aeropuerto de la localidad. El 18 de
febrero de 2007, unas 120.000 personas de toda Italia tomaron las
calles de esta ciudad de 110.000 habitantes. “Estamos en contra de
la base. Defendemos nuestra tierra y no queremos estar en la
vanguardia de la guerra global contra el terrorismo”, declaró
Francesco Pavin, de “No al Dal Molin”, una plataforma de
ciudadanos, activistas contra la guerra y grupos religiosos y
ecologistas. Cinzia Bottene, organizadora de uno de los diversos
comités ciudadanos contra la base, señaló que
los vecinos están preocupados por que “una nueva base
ejercerá presión sobre nuestras infraestructuras,
nuestros servicios, nuestros recursos. Destruirá nuestra
comunidad”.
Pero esto es algo más que una simple
lucha local. Tal como manifestó Toni Pigatto, de la asociación
local de boy scouts, a Inter Press Service, “no sólo
protestamos porque construirán otra base militar en Vicenza.
Decimos no aquí y no en ningún otro lugar. Rechazamos
la idea de que la democracia se pueda difundir a través de
armas”.
Éste es el espíritu que comparte la
red mundial de ciudadanos, activistas e investigadores que ha surgido
durante los últimos tres años con el objetivo de hacer
frente al fenómeno de las bases militares extranjeras.
Este
grupo de organizaciones y personas, sirviéndose de una lista
de correo electrónico, un sitio web conjunto (no-bases.net) y
reuniones en los foros sociales y otras conferencias para
intercambiar información, discutir estrategias y organizar
investigaciones y campañas a escala internacional, ha ido
creciendo hasta convertirse en un movimiento verdaderamente mundial,
integrado en los movimientos por la justicia social y contra la
guerra.
Este manual se presenta en ocasión de la
primera conferencia mundial de esta red, celebrada en Ecuador entre
el 5 y el 9 de marzo de 2007, desde la que se reivindica la abolición
de las bases militares extranjeras, y su objetivo es proporcionar una
breve guía de fácil lectura con los principales
argumentos contra las bases militares extranjeras.
La meta
subyacente de esta red parte del reconocimiento de que, aunque sigue
siendo importante fortalecer cada una de las campañas locales
contra bases militares, ya va siendo hora de desafiar toda la
estructura de las bases a escala mundial. Esto entraña poner
en tela de juicio las justificaciones morales, económicas y
políticas en las que se asienta la idea de que algunos países
pueden exportar su militarismo a todo el planeta.
Para
aquellos que luchan por liberarse del yugo de los Estados Unidos y
otras fuerzas militares extranjeras, la Declaración de
Independencia de los Estados Unidos puede constituir un buen punto de
partida, pues en ella se expresa que los Estados Unidos deseaban
verse libres del dominio británico “por acuartelar grandes
cuerpos de tropas armadas entre nuestra población” y “por
protegerlos mediante falsos juicios del castigo por asesinatos
cometidos sobre los habitantes de estos estados”. Las comunidades
ya se están organizando, en todo el mundo, para declarar su
propia independencia de los Estados Unidos y sus bases.
Wilbert
van der Zeijden Amsterdam, Países Bajos 21 de febrero de
2007
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Excelente nota......
http://lacolombiainvisible.blogspot.com/
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http://www.tni.org/detail_page.phtml?&act_id=16391&menu=11e
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Peligros para la salud
Los tentáculos del imperio: las bases militares extranjeras en el mundo, TNI, March 2007
Índice
Las bases militares estadounidenses no son precisamente un ejemplo de buena vecindad. No sólo albergan tropas y actúan como un eslabón vital de las operaciones militares, sino que muchas de ellas funcionan también como terreno de pruebas para el amplio abanico de armas –químicas, biológicas y nucleares– con que sueñan los militares de alto rango. E incluso cuando simplemente se dedican a sus actividades cotidianas, pocas veces se acuerdan de limpiar tras su paso. Como consecuencia de lo mencionado, las bases militares estadounidenses van acompañadas de toda una serie de riesgos para la salud. Agentes contaminantes peligrosos, como uranio empobrecido y gases neurotóxicos, además de minas y proyectiles sin detonar, siguen plagando terrenos de pruebas como Vieques y varias bases panameñas. Esto impide que la población vuelva a terrenos ya abandonados y, en el caso de Panamá, ha provocado la muerte de numerosas personas que entraron en la zona de casi 15.000 hectáreas que ocupaban antiguos polígonos de tiro y que, durante mucho tiempo, no estuvieron valladas ni debidamente señalizadas. En lugares como la base aérea de Clark, en Panamá, no se han almacenado de forma adecuada agentes químicos muy peligrosos, que se han filtrado en tierras y aguas subterráneas y, de este modo, se han convertido en origen de multitud de enfermedades entre la población local.
Incluso en aquellos casos en que los experimentos con armas químicas y nucleares no liberan toxinas en la atmósfera, los efectos de las bases militares sobre la salud pueden ser graves. Pruebas realizadas en la antigua base naval estadounidense de la bahía de Subic, en Filipinas, han revelado la presencia de agentes químicos tóxicos, como bifenilos policlorados (BPC), plomo y carburantes en las aguas subterráneas, donde contaminan las fuentes de agua de uso doméstico y provocan un elevado índi
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http://www.tni.org/detail_page.phtml?&act_id=16390&menu=11e
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Repercusiones medioambientales
Los tentáculos del imperio: las bases militares extranjeras en el mundo, TNI, March 2007
Índice
Los activistas de los países que acogen bases militares han librado duras y largas batallas para obligar al ejército estadounidense a cumplir con una tarea aparentemente sencilla: limpiar la basura que generan. Los extensos terrenos donde se establecen las bases estadounidenses destruyen, por el mero hecho de ser construidas, gran parte del entorno, desde selvas vírgenes a tierras de labranza y poblados, y continúan haciéndolo mientras funcionan e incluso una vez clausuradas.
El respeto por el entorno de los países anfitriones, sencillamente, parece no estar en la lista de prioridades del ejército estadounidense. En Filipinas, por ejemplo, el inspector general del Ejército de los Estados Unidos admitió que las bases “se aprovecharon de lo poco estricto de la situación legal”. Un portavoz del Departamento de Defensa afirmó que la base estaba exenta de toda obligación medioambiental en la zona, ya que sus políticas de actuación estaban en consonancia con la legislación nacional vigente que, en el caso filipino, era nula; y esto, a pesar de que, por entonces, Filipinas contaba ya con un estatuto de tres volúmenes en materia de medio ambiente. En la práctica, esto significa que los Estados Unidos han declinado asumir cualquier responsabilidad por la intensa contaminación de las bases navales de Clark y Subic, que ha envenenado ecosistemas y ha dañado la biodiversidad y los peces de la zona.
El grupo ecologista Greenpeace ha convertido la base estadounidense de Thule, Groenlandia, en objetivo de una de sus campañas, y sus barcos han sido testigos del vertido indiscriminado de cientos de barriles de residuos y montañas de metal. Greenpeace también ha constatado altos niveles de bifenilos policlorados (BPC) y materiales radiactivos –generados por pruebas rutinarias y accidentes (entre otros, el choque de un bombardero nuclear que provo
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Desplazamientos de población
Los tentáculos del imperio: las bases militares extranjeras en el mundo, TNI, March 2007
Índice
El establecimiento de bases militares extranjeras suele traducirse en desplazamientos de población y la privación de sus derechos. Los vastos terrenos ocupados por las bases militares estadounidenses son usurpados en muchos casos a los habitantes locales, a quienes no se les da otra salida que abandonar sus hogares y tierras de cultivo y quienes, además, no suelen recibir ninguna compensación. Y una vez establecidas, las bases tienden a expandirse, con lo que cada vez consumen más espacio, y la degradación medioambiental hace que las zonas colindantes sean inhabitables. Tampoco se libran del expolio las tierras de cultivo comunales, por las que es aún menos probable que se otorguen compensaciones, a pesar de que de ellas dependen las vidas de muchas personas. Como contrapartida, las bases sólo ofrecen trabajos no cualificados que, de todos modos, puede que no recaigan en los habitantes locales por motivos discriminatorios o temores en cuanto a la seguridad.
En un número de casos significativo, las bases son responsables de la confiscación de tierras y propiedades de los habitantes locales y del desplazamiento forzoso de éstos”, explica David Vine, un antropólogo que trabaja con los chagosianos, un pueblo desplazado originario de la isla de Diego García. “Por lo general, este tipo de expulsiones lleva al empobrecimiento de los grupos afectados y a una profunda y destructiva alteración de sus modos de vida.
Por ejemplo, en Vieques, dos tercios de la isla han sido invadidos por bases militares estadounidenses y reservados para el desarrollo de ejercicios militares. Los isleños llevan décadas luchando por el derecho al retorno y por que se descontaminen sus tierras, plagadas de munición abandonada. En Honduras, los campesinos que fueron desalojados de sus tierras en los años ochenta para crear bases destinadas a la contra y a las fuer
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Déficit democrático e inmunidad
Los tentáculos del imperio: las bases militares extranjeras en el mundo, TNI, 2 March 2007
Índice
Con contadas excepciones, las bases militares extranjeras operan al margen de los procesos democráticos habituales. Los gobiernos, sean o no democráticos, establecen acuerdos que se caracterizan por la exención de responsabilidades. Así, las autoridades de las bases estadounidenses están autorizadas a desempeñar sus actividades en secreto, y toda pregunta sobre sus prácticas militares, esté dirigida a las propias bases o a los gobiernos locales y nacionales, choca irremediablemente con un muro de silencio o con una nube de confusión. Las actividades de las bases militares estadounidenses, sencillamente, no parecen ser compatibles con el derecho de los ciudadanos a saber qué sucede en sus países.
Las normas por las que se rigen las bases estadounidenses suelen disponerse mediante los denominados Acuerdos sobre el Estatuto de las Fuerzas (SOFA en inglés), tratados que se negocian de forma bilateral entre el Gobierno de los Estados Unidos y el gobierno del país de acogida. En muchos casos, los términos concretos del acuerdo son materia reservada pero, por lo general, eximen al personal militar estadounidense de la legislación local vigente en materia de visados, impuestos y jurisdicción penal, y otorgan a las fuerzas extranjeras espacio para actuar al margen de las leyes del país.
Aún mayor es el secretismo que rodea el despliegue de armas nucleares estadounidenses en Europa. Según investigaciones recientes, los Estados Unidos siguen teniendo 480 bombas nucleares en seis países europeos: Alemania, Bélgica, Italia, los Países Bajos, el Reino Unido y Turquía. Sin embargo, no existen registros oficiales de estos datos, y los gobiernos de los Estados Unidos y los países de acogida se niegan incluso a confirmar o desmentir su existencia.
ver todo el texto en
http://www.tni.org/detail_page.phtml?&act_id=16387&menu=11e
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Sumidero económico
Los tentáculos del imperio: las bases militares extranjeras en el mundo, TNI, March 2007
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Escuchando los argumentos que esgrimen los defensores de las bases estadounidenses en el extranjero, uno podría llegar a pensar que la llegada de una gran base augura prosperidad para la comunidad de acogida: ingresos extra gracias al gasto que realizarán miles de soldados y sus familias, buenas relaciones comerciales con los Estados Unidos gracias a la posición de aliado... ¿Qué podría salir mal?
Pues parece ser que muchas cosas. Las economías de las zonas situadas en torno a las bases no confirman tanto optimismo. Las familias de los militares estadounidenses, vivan en Gran Bretaña o en Okinawa, tienden a replicar la vida en su país de origen. Esto significa que, lejos de comprar lo que necesitan de los proveedores locales, desde frigoríficos a chocolatinas, lo que sucede es que las empresas estadounidenses o el propio ejército importan bienes en gran volumen. Las empresas estadounidenses, como Home Depot en Guam, instalan establecimientos para suministrar a este mercado tan nostálgico y, en lugar de generar oportunidades para que los comercios locales se expandan, sólo proporcionan empleos poco cualificados para los habitantes de la zona.
La situación en Guam también es un buen ejemplo de cómo los elevados subsidios de que gozan las familias del ejército destinadas en el extranjero pueden distorsionar las economías locales, haciendo subir los precios de propiedades y bienes por encima de las posibilidades de los habitantes locales. Una gran población militar con grandes expectativas en lo que se refiere al estilo de vida supone también un gran sumidero para el agua, las infraestructuras y las tierras de la isla, elevando el coste básico de la vida y los impuestos de todos los habitantes.
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http://www.tni.org/detail_page.phtml?&act_id=16388&menu=11e
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http://www.tni.org/detail_page.phtml?&act_id=16386&menu=11e
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Pérdida de soberanía
Los tentáculos del imperio: las bases militares extranjeras en el mundo, TNI, March 2007
Índice
Cuando un Estado acepta la presencia de bases estadounidenses en su territorio, acepta de hecho el actuar como punto de partida de acciones militares, ya sean invasiones, ataques aéreos u operaciones encubiertas.
Irak, por ejemplo, fue bombardeado durante más de una década desde lugares tan distantes entre sí como Okinawa, Diego García, Turquía, Italia y Alemania. Los cultivos de los cocaleros colombianos son fumigados con aviones que despegan desde Ecuador. Somalia fue bombardeada recientemente desde Djibouti y, muy probablemente, desde Diego García.
Alemania se opuso oficialmente a la guerra de Irak en 2003, pero eso no evitó que el país se utilizara como base para el traslado de un gran número de soldados estadounidenses, material y equipos militares. En 1986, en Gran Bretaña hubo protestas contra el bombardeo de Libia desde bases británicas; no sólo por la acción bélica en sí, sino porque ésta no se notificó de antemano a los políticos británicos. Y los Estados Unidos, que mantienen un arsenal nuclear secreto en seis bases europeas, siguen gozando del derecho a lanzar estas armas sin consultarlo previamente con los gobiernos de acogida.
Los detractores de las bases estadounidenses sostienen que el uso del territorio de otro país como plataforma de lanzamiento de operaciones militares los hace vulnerables a ataques en respuesta a actos de los que no son directamente responsables, ni sobre los que los ciudadanos pueden opinar. Al Qaeda inició su andadura como campaña contra del estacionamiento de tropas estadounidenses en las bases de Arabia Saudí. Y los activistas contra las bases de Okinawa afirman que, a pesar de la oposición de gran parte de la población a las políticas estadounidenses en materia de armas nucleares y “guerra contra el terrorismo”, la presencia de esas enormes bases en la zona convierte a la isla en posible objeti
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