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Todos saben que los autores materiales del crimen son los miembros de la cuadrilla Teófilo Forero, de la que tan elogiosamente se habla en los computadores de Raúl Reyes; la misma que secuestró el avión de Aires el 20 de febrero de 2002, hizo el atentado al Club El Nogal el 7 de febrero de 2003, que puso la casa-bomba en Neiva 7 días después y asesinó a 5 concejales en Puerto Rico, Caquetá, el 24 de marzo de 2005; y que su principal cabecilla es 'El Paisa', también conocido como 'Oscar |
Montero' y cuyo nombre verdadero sería Hernán Darío Velásquez; pero aún así ninguna Ong, ni el Polo, el Partido Comunista, Ciudadanos por la Paz, Justicia y Paz ni otros defensores de Derechos Humanos, parecieran tener conocimiento de su criminal existencia.
Descartan que los autores indiscutibles, por forzada confesión son las Farc, las mismas Farc que se burlaron de los hijos de sus víctimas cuando no pudiendo ocultar más su criminal autoría y mucho tiempo después de ello, con el mayor cinismo les escribían que “Nos unimos a tu lucha, que es nuestra lucha…”, insolente carta dirigida a Carolina Charry, hija del asesinado diputado Carlos Alberto Charry, más dolorosa cuando al leerla se encuentran términos y frases tan comunes en las epístolas de los Ciudadanos por la Paz y en los comunicados de organizaciones como el “Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado”.
Hasta ahora no se han visto esas ni otras organizaciones como la llamada izquierda democrática, reclamando por la impunidad en que se encuentra el crimen de los diputados y los concejales de Puerto Rico, con la misma vehemencia y la misma inversión de recursos con que reclaman contra los llamados falsos positivos, tampoco se han visto delegaciones en Europa y Estados Unidos pidiendo condenas y rechazos contra los autores del crimen. ¿Será que para ellos la vida de los diputados y la de tantos colombianos asesinados por las Farc tienen menor valía que los jóvenes de Soacha?
Lo ético hoy, dos años después de la execrable matanza, aún no es tarde, sin importar ideologías o militancias, sería que el pueblo colombiano y las propias familias de los masacrados Diputados recibieran el apoyo al menos moral de esas organizaciones, más que justificando, manifestando su repudio y reproche franco a ese acto criminal y que las cortes en su sano juicio mostraran resultados, con la misma diligencia con la que presentan destituciones, capturas y condenas cuando se trata de autores de crímenes cometidos por parte de agentes de la Fuerza Pública. En la misma medida en que no se esperan beneplácitos ni indulgencias por los “falsos positivos”, se esperan justos, suficientes y prontos resultados contra todo acto de barbarie, como el asesinato de los 11 diputados del Valle, o de los Concejales de Puerto Rico o de los indígenas Awá en Nariño, etc.
Las fuerzas legítimas del Estado, su Ejército Nacional, marcaron la diferencia y además de haber tomado la iniciativa en las denuncias por tan deplorables hechos, y de haber aplicado con sumo rigor las medidas administrativas del caso, están también asumiendo su responsabilidad penal en manos de la justicia de los civiles.
Ojalá también, como acto de expiación, algunos miembros de la oposición política señalaran públicamente su condena al terrorismo de las Farc, no como un tangencial acto discursivo, sino pleno de convencimiento, como el escenario perfecto para que quienes por 45 años han sostenido la combinación de las formas de lucha, terrorista y política, puedan abjurar de ese principio.