
La oposición puede
hacerse a la forma como se dirige políticamente una nación o comunidad
determinada; a una propuesta de gobierno o a una estructura económico-social,
pero sin que ella perjudique a la nación. No es para dedicarse a la crítica
mordaz, desleal y mal intencionada contra funcionarios del gobierno; ni para ir
por el mundo denigrando del país con el fin de obstaculizar acuerdos
comerciales o diplomáticos; tampoco constituye oposición el debate sobre las
condiciones personales del gobernante en lugar de presentar propuestas o de
asumir actitudes proactivas para solucionar los problemas.
En Colombia falta una
oposición transcendente; ni el Partido Liberal, ni el Polo Democrático
Alternativo plantean un modelo de Estado diferente, quizás por desconocer que hoy
los sectores sociales no capitalistas desean un régimen capitalista de carácter
participativo, una sociedad en la que la iniciativa privada individual tenga
libertad de acción y no una socialización de la sociedad, y menos una
estatización de la economía como lo hicieron los comunistas del siglo pasado
mediante regímenes dictatoriales y represivos. La gran paradoja para los
socialistas criollos es que hasta el socialismo en el mundo debió virar hacia
el modelo capitalista para sobrevivir, como en el caso chino.
Es tal el enfoque
personal de la oposición en el campo del agravio al individuo que ejerce el
poder, que para deslegitimarlo niegan hechos como la desmovilización de más de
35.000 hombres que hasta el 2002 conformaban grupos criminales, la recuperación
de la totalidad del territorio para el Estado y la reducción de las
organizaciones armadas ilegales, sin mencionar la mejoría y la confianza global
en la economía nacional.
Uno de los
elementos que evidencia la inexistencia de una verdadera oposición
transcendente es que los partidos que la conforman no han sido capaces de
concitar apoyos mayoritarios a partir de la presentación de modelos diferentes
de Estado; el partido liberal, sumido en una grave crisis de liderazgo desde el
tristemente célebre Proceso 8.000, perdió sus bases electorales a favor de las
propuestas de Uribe Vélez, el Polo Democrático Alternativo, una conjunción de
diversas corrientes del pensamiento socialista o de centroizquierda, afronta
graves problemas de unidad por la posición radical del Partido Comunista que
niega toda posibilidad de alianzas o acercamientos con sectores moderados o que rechacen plenamente la llamada
combinación de las formas de lucha.
Otro hecho que
muestra la carencia de argumentos de la oposición lo constituyó la evidencia
encontrada en los computadores de Raúl Reyes; ni una sola vez el liberalismo o
el Polo se pronunciaron sobre la gravedad que representaban las revelaciones de
la conexión de las Farc con funcionarios y organismos de gobierno en Venezuela
y Ecuador; Senadores de ambos partidos pretendieron indubitar el contenido y
pese a la confirmación de Interpol, ignoraron o minimizaron la gravedad de las
pruebas. Antepusieron intereses electoreros o políticos egoístas al mandamiento
constitucional que obliga a todos los colombianos a defender la soberanía, la
democracia y sus instituciones.