
El deplorable caso
en el que algunos funcionarios del Departamento Administrativo de Seguridad,
DAS, ejecutaron acciones de espionaje contra muchos miembros de la vida publica
nacional no puede ser mas lamentable y no por el solo hecho de haber seguido
las actividades e intimidades de muchos honorables colombianos sino porque el
objetivo perjudicado -intencional o no-
más que los personajes propiamente dichos es la misma democracia
colombiana por tratarse de un organismo de seguridad del Estado violando los
derechos de sus propios ciudadanos.
Una cosa es que el espionaje se haga contra
presumibles o reales enemigos de la institucionalidad y en estricto apego a
orden judicial, y otra que se soslaye la ley para incurrir en la intimidad de
las personas sean o no opositores del gobierno. Y no es que pueda, en este
caso, existir pretexto valido que justifique en forma alguna la conducta
señalada, esas actividades nunca podrán ser mostradas como hechas para obtener
informaciones que en algún momento pudieran proteger la democracia colombiana,
pues se hacían indiscriminadamente no solo contra integrantes de la llamada
oposición política, -acérrima critica-, sino contra personajes de gran cercanía
política o ideológica con el gobierno nacional.
Poca es la diferencia entre quien pretende
quebrantar la democracia mediante la teoría marxista de combinación de todas
las formas lucha y para ello se conforma, entrena, arma y actúa; y quien desde
el propio seno del Estado, que en teoría debe proteger y abusando de la
confianza depositada en su persona le cause males incluso peores que las
bombas, las minas antipersonas, el narcotráfico o el secuestro.
Además, es pésimo mensaje el que recibe y
negativa la imagen que evidencia una población que espera de ese organismo todo
lo contrario a lo que hace, como la protección, defensa y respeto por sus
derechos y libertades; y no solo ella sino también la comunidad internacional
para quien en su concepción simplista se trata de un organismo de inteligencia
del Estado quebrantando los derechos de los ciudadanos, desconociendo que no es
cosa institucional sino conductas personales.
Debe ser grande la euforia de los enemigos
declarados de la democracia colombiana por saber que además de las armas, el
terror y la violencia con que buscan subvertir la democracia colombiana tienen
un arma mucho más eficaz con la que no contaban, pero que igual sirve a sus
propósitos. Y grande la tristeza de tantos colombianos de bien que no entienden
para que tantos sacrificios en procura de mantener la democracia si desde su
interior, quienes teniendo el deber de defenderla son quienes peores
sufrimientos le provocan
Por todo eso es indispensable que haya
claridad absoluta, y pronta, sobre las verdaderas causas y propósitos; para qué
se hacían dichos seguimientos y luego que hacían con la información obtenida,
quienes lo hicieron y por órdenes de quienes.
El reto es ahora para quienes tienen los
procesos investigativos y penales en sus manos, quienes deben, con las valiosas
evidencias que ya dicen tener, y las que faltan, determinar responsabilidades y
tomar medidas ejemplarizantes para que la imagen, tanto del Estado como la de
quienes, miembros del DAS, no tienen ciertamente responsabilidad alguna en el
bochornosos tema sea protegida.