Resulta que desde su origen, las Farc, en concepción de su mayor precursor ideológico, Jacobo Arenas, nacieron como un “movimiento político revolucionario” que “vio” la necesidad de armarse para combatir con las armas al Estado, derrotarlo y tomarse el poder para implantar en Colombia un gobierno de corte comunista con el cual terminarían la pobreza, el hambre y la ignorancia en el país; es decir desde sus orígenes concibieron la importancia de la política como paralelo del uso de las armas, esa fue siempre la teoría de Jacobo arenas, heredada y reestructurada por cano, que al asumir la máxima dirección del grupo armado, ante la muerte de Tiro Fijo, esta implementando con toda energía.
Cano reconoce que el mayor rechazo hacia las Farc, visto como el superior impedimento para tomarse el poder, sumado desde luego a la eficiencia de las políticas de los diferentes gobiernos y principalmente de la llamada de Seguridad Democrática que marco amplia diferencia con la demás, esta en que el grupo armado desbordó sus exiguos principios ideológicos iniciales incurriendo de lleno en narcotráfico, terrorismo, secuestro, reclutamiento de niños, explotación sexual de la mujer, etc., comportamientos que fueron causantes del rechazo y desprecio de quien fuera su mayor fortaleza, la población civil.
A pesar de los avances alcanzados en los procesos de paz de los años 80s, 90s y del Caguán, el grupo armado, incluido en las listas de terroristas y narcotraficantes internacionales por Europa y América, siempre ha tenido el lógico rechazo general que causan los métodos criminales con que han intentado por 45 años tomarse el poder, pero que bajo la orientación de ‘Tiro Fijo’, secundado por ‘Mono Jojoy’ y ‘Tomochenko’ era prioritario, es decir, desde esa concepción la toma del poder era exclusivamente por las armas y la actividad política se aceptaba como herramienta futura para liberarse de procesos penales una vez tomado el poder.
Llegado Alfonso Cano a la cúpula, y siendo éste, como buen retoño de Jacobo Arenas más “político que militarista”, (Cano ha sido mal visto por muchos miembros de las Farc, incluyendo del secretariado por su “cobardía” pues nunca ha participado en acciones de combate ni tiene experiencia en el mando, nunca fue comandante de alguna unidad o grupo), creador además del “movimiento Bolivariano” y posteriormente del “Partido Comunista Colombiano Clandestino, PC3”, ve la ocasión propicia para implantar sus tesis de mayor esfuerzo político, secundado por los restantes miembros del Secretariado, Ivan Marquez, Joaquin Gómez, Pablo Catatumbo, y ‘el Médico’ e inicia con todo brío la campaña por la toma del poder priorizando lo político.
En consecuencia, en agosto de 2008, poco tiempo después de haber sido “nombrado” máximo comandante, diseñó e implanto el que llamó “plan renacer revolucionario de las masas”, que sin descartar las acciones armadas como el uso de minas antipersonas, los francotiradores, el terrorismo urbano y la adquisición de armas pesadas (misiles tierra-aire), da preponderancia a lo político aplicando el articulado del PC3, que incluye la consolidación, impulso y vigilancia del Movimiento Bolivariano, replantear el trabajo internacional afectado por la muerte de Raúl Reyes, fortalecer las relaciones internacionales, obtener inteligencia estratégica, infiltrar y penetrar el sector estatal, controlar los movimientos y organizaciones sociales, estructurar planes políticos avalados por el estado mayor y someter las órdenes militares al escrutinio de las comisiones políticas, entre otros.
Esas instrucciones dieron como resultado inicial el llamado “intercambio epistolar” con el cual Alfonso Cano mantiene contacto permanente con el llamado “Comité de Colombianos y Colombianas por la Paz” que es un abultado número de intelectuales colombianos y extranjeros que encandilados con el tema del secuestro y de eventuales procesos de paz, de buena fe hacen parte importante del trabajo político que necesitan las Farc.