o
si se trata de organizaciones influyentes en la opinión nacional como
los Medios de comunicación y las organizaciones de Derechos Humanos.
Lo
que no esta para nada dentro de lo legal y menos de lo ético, es que se
hagan esas actividades, con medios, recursos y Agentes del Estado para
favorecer hechos, personas y grupos criminales como guerrilleros y
paramilitares; o para ejercer vigilancia a las actividades privadas de
altas personalidades por intereses personales corrompidos.
Y
no es solo porque esos hechos, delictuales en si mismos, afecten la
honra y la dignidad de las personas afectadas sino porque además
perjudica gravemente la legitimidad del organismo implicado y de paso
la del mismo Estado, provee argumentos a sus enemigos para reforzar sus
campañas de desprestigio y de paso brinda espacios útiles para los
grupos armados que salen favorecidos del rio revuelto en que se torna
el acontecer nacional cuando se enfrentan entre si varias de sus instituciones o sus más encumbrados dignatarios.
Y
para solucionar definitivamente el delicado impase hace falta, y con
urgencia, el concurso integrado del Estado, los organismos
independientes de control y de justicia y los de seguridad, sin
permitirse al juego de todos contra todos; cada uno en sus funciones
dar los aportes del caso que permitan no solo corregir la actual crisis
sino asegurar que no habrá reincidencias ulteriores. Cada organismo
implicado debe aportar según le concierna; el Estado con la mayor
responsabilidad debe aplicar los correctivos necesarios y suficientes
para que su organismo de seguridad, involucrado como causante de la
actual crisis por las interceptaciones ilegales, corte de plano toda
actuación indebida que lo deslegitime y evolucione como la entidad
guardiana del Estado que se requiere; y los demás organismos
involucrados mediante aportes juiciosos y los controles del caso que
conduzcan a una verdadera, eficiente y definitiva reestructuración de
la entidad estatal, asegurando que la función del DAS se limite a
“proveer inteligencia para la defensa de la democracia colombiana”,
como le corresponde constitucionalmente.
A
otros organismos como Fiscalía, procuraduría, etc., concierne aplicar
con rigurosidad las normas que sean pertinentes encaminadas, lejos de
cobrar ofensas particulares, a procurar justicia y a depurar el
organismo que como tal no debe ser estigmatizado por el accionar de
algunos de sus elementos, sino que superados los escollos presentes
evolucione en la entidad que todos esperan para el beneficio nacional.
Lo
que no debe hacerse es “cazar brujas” buscando malintencionadamente
vincular agentes del Gobierno con los autores de las interceptaciones
indebidas porque seguramente las hallaran, no porque en esencia todas
sean ilegales, o porque no existan, sino por el hecho de que siendo el
DAS el organismo de seguridad del Estado es apenas lógico que existan
circunstancias en las que ambos tengan conversaciones y cruce de
solicitudes e informes respecto al comportamiento de determinadas
personalidades que en un momento dado representen alguna clase de
riesgo para el estado, o estén en si mismos en algún peligro, sin que
eso sea ilegal.
Por
ejemplo, casos como los de algunos periodistas críticos del gobierno o
de miembros de la llamada oposición (y otros muchos personajes de la
vida nacional), que por su vocación social o por su desempeño
profesional mantienen vínculos ideológicos y-o políticos con el
presidente Chávez y de correspondencia con las Farc, justifican que el
estado tenga conocimiento de algunas de sus actuaciones, pues sin que
esa persona actúe ilícitamente, el hecho de tener contactos cercanos
con grupos terroristas como las Farc, puede serles de gran riesgo y en
tal caso el Estado tener la obligación de dar la protección pertinente,
lo que solo es posible si se tienen los conocimientos mínimos respecto
a donde y en que actuaciones andan.