Durante el medio siglo que he ejercido en este país como periodista, ya trabajando en grandes rotativos o en modestas empresas, admiro con sumo respeto al periodista ANTONIO CABALLERO integrante de ese contingente colombiano de ofendidos y humillados que a golpe de corcel avanza enhiesto con la pluma en su mano escribiendo lo que se debe escribir, diciendo sí cuando se debe decir sí y diciendo no cuando se debe decir no, para honor y gloria de la Colombia Inmortal.
Quiero ser claro en el sentido de que en mi vida periodística jamás he escrito elogio de alguno de mis colegas, salvo una vez en EL ESPACIO a ese gran reportero Antonio Pardo García. No pertenezco, pues, a la sociedad de mutuo elogio.
Pero…
¿Cómo, ¡Santo Cielo!, no reconocer las virtudes específicas de ANTONIO CABALLERO?
Certero, justo, ecuánime, valeroso, preciso y justo en la conceptualización y acertadamente infalible cuando adjetiva, ANTONIO CABALLERO es una prenda de garantía de ingente valor, tal como lo es un diamante azul lapislázuli que tiende a azul de ultramar para el periodismo colombiano.
Dúctil, es que es humilde, sabe manejar con decoro nuestro idioma para señalar arrojadamente las fallas de los gobernantes y, sin desacreditar su terruño, los pone en la picota asumiendo bizarramente -¿por qué no decir que es valiente?-, sus triquiñuelas que los llevan a la corrupción, corrupción que ha combatido por decenios sin temblarle la mano.
Enfrenta ANTONIO CABALLERO estoicamente la crítica, las amenazas de muerte, el ostracismo, y la cruel difamación a las que diariamente es sometido por los, éstos sí, Traidores a la Patria como lo son los miembros de la canalla clase dirigente colombiana, “raza de víboras” como dijera otrora el Rabí de Galilea.
Enfrenta sin escama a la peligrosísima Gran Prensa de nuestro país, así como a los dirigentes de los gremios líderes, concordando con precisión sus oscuras maniobras en contra de Colombia.
No anida de ninguna manera en su sentimiento el odio; es que es ecuánime, razonable calificaría yo. Sin embargo, estos detractores lo reputan como un amargado, cuando en realidad lo resentido es mostrado descaradamente por ellos en sus enemigas acciones. Aúllan utilizando el mecanismo de defensa de la proyección como lo estableció Sigmund Freud.
Pero ANTONIO CABALLERO con permanencia posee el argumento destructor para señalarlos como contrarios a la paz nacional, mostrando siempre las ensangrentadas manos de estos potenciales patibularios, por no decir delincuentes.
Durante el gobierno de Uribe, ANTONIO CABALLERO ha sido un censor infatigable un día sí y otro también. No propiamente porque lo abomine ya que la parcialización no es su norma de normas. Toma los hechos que el totalitario Jefe de Estado asume, los presenta y los combate con Ira Patria y con el argumento preciso para el hecho preciso.
En sinopsis, el informador ANTONIO CABALLERO ES UN HÉROE COLOMBIANO QUE AÚN NO HA SIDO DERROTADO: “OH GLORIA INMARCESIBLE OH JÚBILO INMORTAL EN SURCO DE DOLORES EL BIEN GERMINA YA”