Autor: Mario Vargas Llosa
La trama del libro es inverosímil hasta que su autor la desmenuza. Un hombre hambriento de revolución y borracho en su ideología; un militar cegado por su patriotismo; la brutalidad y la fe de una masa famélica y supersticiosa que sigue a un asceta; la cegadora venganza de un celoso a quien le quitaron la esposa; el morbo de un periodista miope; una falsa y casi enana confabulación política, y un líder que ve estafermo cómo todo se junta para convertirse en algo que no se puede parar, son sólo unas de las cuantas historias que conforman La guerra del fin del mundo, a mi parecer, una de las mejores obras de Vargas Llosa.
Desde su comienzo la obra agarra. El autor no abusa de los diálogos, utiliza más bien los diferentes protagonistas para contar su historia. Pese a que los personajes son de diversos bandos, y de múltiples matices, el escritor no se resbala ni se estanca. La narración tiene la misma cualidad de los eventos que cuenta: es imparable.
El escritor se mete en el Brasil, describe su pobreza, la increíble fuerza de su fe, lo extenso de su geografía y los resultados de la mixtura de políticas monárquicas, republicanas y revolucionarias. Narrativamente, no para ahí: establece no al personaje como centro de la historia, sino como su victima: es prácticamente como si ellos estuvieran indefensos contra ella, ¡ellos que son sus mismos protagonistas! Algunos podrían considerar que es una historia de locos y no se equivocarían si no fuera por lo comprensible de los motivos. En la novela todos se atropellan por subirse al cadalso. Son personajes humanos —¡demasiado humanos!—, llenos de contradicciones e ironías, —aquí el autor se luce con el sarcasmo, puesto que el periodista, cuya labor es la de ver y reportar, sufre de miopía, y para empeorar, queda ciego en el perihelio de la batalla—. Mientras Vargas Llosa cuenta los resultados del odio de cada uno de sus personajes, narra también su necesidad del enemigo, del miedo a la soledad, del querer estar acompañado así sea de quien más se desprecia.
Aunque el tiempo en que La guerra del fin del mundo se desarrolla es pasado —quizás en los cincuentas o sesentas— la novela permanece actual, es una historia de guerra donde la ignorancia juega su papel crucial, el patriotismo la parte sobrante, y los intereses políticos, la mecha que ocasiona la explosión. Loca e incoherente como todas las guerras, el escritor peruano nos recuerda que fácilmente pueden volver a ocurrir. No es el fin del mundo, pero es como si lo fuera.
New York, Junio 25, 2009