Autor: Adolfo Bioy Casares
El prólogo de la mano de Borges deeste libro hace un poco más difícil la creación de esta reseña. Mucho se ha dicho de que al abrir unlibro se abre otro mundo, se entra en la realidad que el autor ha creado paraque sus lectores la experimenten. Esto es aun más cierto en esta ocasión. Lo diferente es que lo que Bioy Casares ha escrito y nosinvita a experimentar es un juego de espejos —de esos que tanto adoró Borges—, un hoyo negro en esaspáginas en donde caemos y con dificultad intentamos diferenciar entre larealidad y la ilusión —dentro del libro—, y por ahí derecho, la absurdasemejanza con nuestra vida diaria. La invención de Morel cuenta la historia de un prófugo en una isla desierta, suamor por una mujer que termina siendo una eterna ilusión producto de unamáquina, y al final, la brutal revelación del perseguido de querer ser unailusión más, una tan infinita como su amada. La isla que describe el argentino, es fascinante, un mundohuérfano lleno de muertos —¿o vivos?— que repiten una y otra vez susmovimientos, pero que reflexionan sempiternamente sobre ellos. Borges dice “he discutido con el autorlos pormenores de su trama, la re releído: no me parece una imprecisión o unahipérbole calificarla de perfecta.” Personalmente me parece que la única imperfección —y esto lo digo coninfantil tristeza y con serias dudas— es que semejante delicia sea tan breve.
Gracias, Pipe, por la recomendación.
Julio 26, 2009, New York
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