Los espacios periodísticos sirven para forman criterio mediante el cubrimiento imparcializado de todas las fuentes informativas que rodean un acontecimiento. Esto cumple una función social muy importante ya que el periodismo es la herramienta que ejerce el derecho informativo en una sociedad democrática, a la par que ayuda «culturizando» a un país tan poco dado a la lectura como el nuestro.
Sin embargo, este mérito periodístico se distorsiona cuando un medio de comunicación da noticias con valoraciones -implícitas- sobre los hechos. La hibridación entre noticia-opinión ocurre frecuentemente, sin que sea contextualizada y -pero aún- primando sobre el hecho en sí.
Los medios usan la editorialización, como género de opinión, para evaluar una notica por medio de estados individualistas de percepción. Los periodistas responsables distinguen claramente ese espacio entre su contenido informativo por medio de la contextualización, aunque ésta no sea siempre necesaria. Cuando el mensaje noticioso se relaciona con deportes, crónica ó moda, se sobreentiende la editroialización del comunicador.
No obstante, sí la información es conceptualmente más densa y su transmisión implica consecuencias sociales importantes, como lo es el tema político, la hibridación notica-opinión debe ser presentada transparentemente.
La editorialización es latente durante toda la construcción y presentación de un contenido noticioso. Para muchos ésta empieza en la organización de la agenda informativa, ya que en ella se prioriza la información con tiempos de exposición y participación de las fuentes, logrando determinar el enfoque periodístico del medio. Otros ven la opinión del comunicador desde el mismo planteamiento de las preguntas, a pesar de que el elemento narrativo no signifique editorializarlas.
Un caso reciente sobre las implicaciones de la editorialización inadvertida pero efectiva en un medio, es el de Claudia López. La periodista fue destituida públicamente por el periódico El Tiempo debido a que denuncio una editorialización en su columna "Reflexiones sobre un escándalo".
En ese artículo ella acusa a la publicación de asumir enfoques periodísticos que dependen de las circunstancias de la noticia. Para López el cubrimiento que se le dio al escándalo del programa Agro Ingreso Seguro fue tendencioso y tuvo como única intención desvirtuar al candidato presidencial Andrés Felipe Arias, el cual compite electoralmente contra un accionista del periódico - el ex ministro de defensa Juan Manuel Santos- que hace poco protagonizó otro bochornoso hecho del estado colombiano, los impropiamente llamados Falsos Positivos.
Esta columna merece nuestra atención para discutir las consecuencias de una editorialización, aunque superficialmente aparente ser un caso de censura. Sin embargo, no debe ser importante analizar si López tenía la razón, ya que eso lo ha hecho mucha gente y los resultados han sido contundentes a favor de ella; lo relevante es la pertinencia de la columna y la reacción del periódico ante ésta.
El Tiempo editorializo echando a López, pero ella nunca fue censurada. Si bien el diario no explicó las razones por las cuales publicó la columna, es evidente que decidió presentar la información así no estuviera de acuerdo. Igualmente es claro que este medio no tiene un fin filantrópico, que sus intereses en el tercer canal nacional son notorios y que de seguro le favorecería que el próximo presidente del país sea un accionista suyo, así este sea minoritario.
Sin embargo, eso no quiere decir que deba aguantar críticas malintencionadas que no fueron dichas en su momento a las personas responsables. En la editorial del día siguiente al despido de López, el periódico argumentó que todo se debió a un estilo de cubrimiento noticioso y que esas discordancias nunca fueron advertidas. Vale entonces la pena preguntarse ¿con qué intención López publicó es nota? ¿Realmente le interesaba mejorar el cubrimiento de El Tiempo? No lo creo, aunque pretendo pensar que ella denunció basándose en sus convicciones éticas y profesionales.
Este dilema perenne entre Verdad y Lealtad era la muerte anunciada de una relación laboral. Ambas partes obraron convenientemente para sus intereses. El periódico -en todo su derecho- no permitió esa clase de injurias en su contra, a pesar de que las políticas editoriales del medio no trasciendan las circunstancias de una notica. López publicó su columna y ha logrado tener mucha resonancia, aunque esta sea por la supuesta censura y no por la denunciada editorialización.
En conclusión, el asunto pasa por la responsabilidad de los lectores. Son ellos los que deben sancionar ó aplaudir la actitud de los protagonistas de esta novela informativa fomentada, entre otras cosas, porque en este país el periodismo no está alejado del poder.